El ser humano El Afan de la Vida y Dios

 

La Búsqueda Material y su Agotamiento

Constantemente, el ser humano se encuentra preocupado y absorto en la consecución de sus deseos y metas, principalmente en lo material. Dedicamos gran parte de nuestro tiempo a perseguir la realización de estos pensamientos y anhelos.

Esta carrera constante puede llevar al cansancio y a una necesidad interna en nuestro ser, algo intangible pero que sin duda genera agotamiento. En el libro de Génesis 3:17, se nos enseña que el hombre debe trabajar arduamente para comer, pero al reflexionar más profundamente, este versículo claramente nos indica que alcanzar nuestros anhelos requiere un esfuerzo físico y emocional considerable.

Las emociones están estrechamente ligadas al pensamiento, ya que tanto hombres como mujeres, como parte de la creación de Dios, estamos compuestos por cuerpo, alma y espíritu. Nuestro espíritu de vida proviene de Dios, nuestra alma es la esencia de lo que somos y nuestro cuerpo es lo que se percibe físicamente. Para nutrir nuestra alma, necesitamos la fortaleza que proviene de Dios, y nuestro cuerpo tiene un tiempo determinado en la Tierra y también se desgasta. Incluso las personas de mayor longevidad alcanzan en promedio los 86 años.

Texto Biblico

Eclesiastés 5:10
El que ama el dinero, no se saciará de dinero; y el que ama el mucho tener, no sacará fruto. También esto es vanidad.

La Vanidad de las Riquezas y el Propósito de la Vida

La Biblia relata la historia de Salomón, un hombre conforme al corazón de Dios, que era el más rico y millonario de la tierra y poseía una sabiduría única otorgada por Dios (1 Reyes 3:12). Tenía tantas riquezas que se dedicó a buscar la sabiduría, pero llegó a la conclusión de que todo era vanidad (Eclesiastés 1:14).

En Eclesiastés 2:1-10, se relata cómo Salomón buscó la felicidad en las cosas materiales y no se negó a nada que fuera atractivo a sus ojos. Tomó vino, se entregó al placer y adquirió muchas tierras, construyendo la mayor edificación para su casa. En términos actuales, podríamos decir que Salomón tenía todos los lujos en su hogar y no le faltaba nada que le resultara agradable. Prácticamente tenía una empresa en su casa, compró personas que le sirvieran y acumuló plata y oro. Sin embargo, al final del día, pensó en el propósito de hacer todo eso, incluso de su propia vida (Eclesiastés 2:17).

Este ejemplo ilustra que vivir apartados de Dios complica en gran medida nuestra existencia en esta vida que Él mismo nos ha dado, siendo Él la fuente y la verdadera razón de vivir. Aunque debemos reconocer que el simple hecho de estar vivos es un regalo de Dios, muchos no comprenden que Salomón pudo encontrar, a través de la sabiduría, que sin Dios nada podemos hacer (Juan 15:5).

Salomón llegó a la conclusión de que tanto al rico como al pobre les espera el mismo destino: la muerte física. Y algo aún más difícil de aceptar, aparte de la muerte, es que los recuerdos de lo que hayamos hecho en esta tierra no perdurarán mucho tiempo, ya que todo se olvida. Los momentos buenos, los malos, las obras realizadas y las personas con las que compartimos, todo, absolutamente todo, queda en el plano del pasado. Lo único que permanece para siempre es la palabra de Dios y aquellos que hacen su voluntad (Mateo 24:35).
 

El Desgaste de la Vida Humana y su Sentido Verdadero

Todo aquello por lo que el hombre se afana: trabajo, sueños e incluso pensamientos, se convierten en una fatiga. Aunque existen días buenos, también hay días que nos hacen reflexionar con dolor y molestia. Así es la vida del hombre en todo lo que realiza bajo el sol.


Salomón logró comprender el verdadero sentido de estar vivo y lo hizo saber en el libro de Eclesiastés, en todos los pasajes que hemos compartido en este devocional. Sin duda, la verdadera razón y el sentido de la vida es caminar con Dios. Por supuesto, está bien tener aspiraciones, planes, propósitos y sueños en el transcurso de nuestra vida terrenal. Lo que no está bien es no permitir que Dios actúe en medio de esos planes, no permitir que sea parte de todo ello, ya que es en ese momento cuando pueden surgir la frustración, el cansancio, la fatiga y la aflicción. Y es en este punto donde las cosas pueden complicarse enormemente.

Este es el obstáculo más grande al que cualquier hombre o mujer puede enfrentarse: no ver materializados sus pensamientos y quedarse atrapados. Ante esta situación, muchos pueden recurrir a la ayuda médica u otras cosas que intenten suplantar el lugar de Dios. Sin embargo, al final del día, el estado espiritual sigue siendo el mismo.

Dios está dispuesto a cambiar cualquier situación negativa que nos lleve al desespero, la frustración, la aflicción y la negatividad. Solo necesitamos hacer una cosa: reconocerlo como nuestro único Salvador y poner nuestras cargas en sus manos. Hay una promesa para todos los que creen en Él (Mateo 11:28-30): acercarnos a sus pies cuando nos encontramos cansados, cuando estamos trabajados, para encontrar descanso en nuestro alma y espíritu. El Dios que nos dio la vida nos espera con los brazos abiertos, esperando que clamemos a Él y nos acerquemos.

Oración del devocional


Padre amado, en este momento me presento delante de ti, presentando mi causa en tu presencia y reconociendo que tú eres mi Dios creador, quien me ha dado el don de la vida. Hoy he comprendido que separado de ti no puedo hacer nada. Entiendo que el único propósito de estar vivo es hacer tu voluntad. Quiero poner en tus manos mis planes, mis sueños, mis propósitos y todo lo que haya en mi corazón para que todo salga bien. Quiero que retires de mí toda frustración, toda aflicción y todo lo negativo que no proviene de ti, Señor. Hoy quiero que ores en mi corazón y en mi alma, y que me hagas entender tus caminos y tomes el control de mi caminar para vivir en ti. Gracias, Jesús bendito, en el nombre de Jesús. Amén.

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